PERDÓN POR MORIRME.
 

 >PERDÓN POR MORIRME Allí estaba, abatida y sin fuerzas, sentada en la cama, en el más doloroso momento de mi vida. Se lo había advertido muchas veces, y se lo repetía cada fin de semana. No vayas solo, algún día te podría pasar algo y tener un accidente. Y no fue cualquier día, fue un mes antes de nuestra boda. Mark murió en un accidente, escalando una montaña, una de sus pasiones favoritas. En nuestro viaje de novios habíamos programado escalar el monte Liamuiga. Un estratovolcán de las islas San Cristóbal y Nieves en el Caribe. Estaba como loco de contento, nos habíamos estudiado todos los rincones de las islas, los mejores restaurantes, dónde tomarnos unas copas, e incluso los rincones más románticos. Los dos nos habíamos enamorado de las islas, y era un sueño poder viajar, y hacerlo juntos. Pero el destino nos tenía preparado otro final. Me costó salir a la calle, pero tenía que retomar mi vida. Lo primero que hice fue ir a la agencia de viajes para cancelar nuestro viaje. Para mi sorpresa, Mark no había asegurado el viaje. Tenía dos opciones; o regalarle el viaje a alguien, o recuperar solo la mitad del dinero. Intenté convencer a mi hermana y mi cuñado, pero después de toda una larga cena, fueron ellos los que me convencieron a que cumpliera el último sueño de Mark. ¡Yo sola! ¡Sin Mark! Una parte de mí se moría por ir, pero, por otro lado, me sentía mal. Era un sueño de los dos, y ahora iría yo sola. Lo estuve meditando unos días y la verdad es que no me vendría nada mal, desconectar durante un tiempo. La gente que me conocía me trataba con lástima, y los que no, me miraban con tristeza y me venía a la memoria el nombre con el que me había bautizo en las noticias. La novia viuda. Estaba decidido, me voy al Caribe. Después de 15 horas de viaje y 4 trasbordos no veía la hora de llegar al hotel. Por el camino había advertido a recepción de mi nueva situación sentimental. No me apetecía llegar y que me recibieran con champán y bendiciones a los recién casados. En el último aeropuerto, El Internacional de Hato en Curazao, me tomé un respiro. Sabía que el hotel estaba muy cerca, así que pedí un café mientras me entretenía viendo como un grupo de choferes de los diferentes hoteles del lugar, sujetaban su pancarta buscando sus clientes. Estaba disfrutando de mi café, cuando en una mirada fugaz vi escrito: Señor y Señora Herriot-Blas. Quería pagar mi enfado con el chofer, pero no era más que un muchacho haciendo su trabajo. No tardamos en llegar al hotel. Su fachada, toda pintada de blanco con los marcos de las ventanas en azul, no parecía un hotel de lujo como los que le gustaban a Mark. _ Bienvenida, al GRAN HOTEL PARK HYATT ST. KITTS, señora Herriot, dijo el chofer mientras me abría la puerta. Desde fuera no parecía gran cosa, pero al atravesar su puerta giratoria, un mundo de elegancia, y delicadeza se postraron ante mí. Sabía del gusto exquisito de Mark, y sabía que le encantaban descubrir rincones nuevos, y sin duda este era uno de sus descubrimientos. Era un hotel precioso, con espacios abiertos, grandes ventanales mirando hacia la piscina, a los jardines y a la playa. Subí a la habitación y por los ventanales podías salir directamente desde la habitación, a la terraza y de la terraza a la playa, pasando por los grandes jardines. Dentro de la habitación, encima la cama, había unos pequeños cojines blancos y azules de varios tamaños, pero todos suaves y esponjosos, como me gustaban a mí, le daban un toque de color a la habitación. Dos cisnes de toallas y unos pétalos esparcidos por las sabanas, que le daban un toque muy romántico, típico de todos los hoteles enfocados a parejas y recién casados. En la mesa del centro una gran cesta de fruta fresca y típica del lugar. Era imposible resistirse a darle un mordisco a cualquier pieza de fruta. Agarré lo que parecía una manzana, pero su sabor era entre ácido y amargo, pero estaba muy buena. Me preguntaba si Mark tendría algo que ver, o eran pequeños detalles del hotel. Me dirigí al baño, esta vez, estaba segura de que Mark tenía algo que ver, una orquídea mini azul decoraba una esquina de la ducha, solo Mark sabía de mi pasión por las orquídeas mini. ¡Cómo te echo de menos cariño!, grité mirando hacia el cielo. Y me quedé dormida sobre la cama. Me desperté a media tarde, el sol todavía brillaba, aunque ya no con tanta intensidad. Sus rayos sobre el mar creaban un camino de plata hacia el cielo, dándole a la playa, le daba un aspecto sensual, lista para esos paseos de parejitas agarrados de las manos, robándose besos y arrumacos a escondidas. Me senté en la arena lo más cerca posible del agua, sentía que tenía que hacer algo por Mark, pero no sabía muy bien qué. Después de un rato regresé al hotel, ya estaban sirviendo la cena. Y un camarero, sin previo aviso, me trajo sopa de guandú, mire como loca a todos lados, vaya coincidencia, Mark y yo queríamos probar este plato, tenía la sensación de que Mark estaba vivo y escondido detrás de alguna de las columnas y que saldría de un momento a otro. Antes de subirme a la habitación, me di un paseo por los jardines traseros del hotel. Era como una pequeña selva con bancos y rincones para descansar o leer un buen libro. La Luna, el mar de fondo, y la temperatura tan agradable hicieron que me sentara un rato a descansar. Sentía un gran placer estado aquí, y el recuerdo de Mark era menos doloroso, era una sensación muy agradable y extraña a la vez. Mientras mi corazón recordaba mil momentos junto a Mark, alcé la vista y ahí estaba frente a mí, como si me llamase, el Liamuiga. Ahí es donde tenía que ir, se lo debía a Mark. Hablé con Jayden el encargado de planta del hotel. Y él me contó que tenía que ir a Basseterre, y de allí saldría el autobús en dos días. —El señor Herriot, lo dejo todo preparada señorita Herriot. Ahora mismo le traigo su mochila. —Gracias Jayden. Entré en la habitación con una sonrisa, no había dejado ningún cabo suelto, este hombre, me iba a costar mucho vivir sin él. El autobús nos recogió en la puerta a las siete, para llevarnos a Basseterre. Creía que iría sola, pero casi todo el autobús subía al Liamuiga. Estaba emocionada y muy nerviosa. En el autobús nos informaron que subiríamos por los senderos de la izquierda, rodeando la montaña, era más largo, pero mucho más agradable que la subida de la derecha. Fue llegar, y encaminarnos al sendero. Delante de mí había una pareja de recién casados haciéndose carantoñas, no lo niego, me gustaba verlos, era como si me estuviese viéndome a mí misma y a Mark. En lo que sería nuestro viaje de ensueño. Algo tenía esta isla, que pensar en Mark, me hacía como sentirlo vivo, recordándolo con cariño y el dolor se transformaba en paz. Después de tres horas de subida llegamos a la cima, no tengo palabras, era impresionante, como si el hombre nunca hubiese puesto los pies allí, y las vistas alucinantes. Desde la cima se veía toda la isla, sin moverte del sitio. Por un momento imaginé la cara de Mark al llegar aquí arriba, cerré los ojos y una brisa suave acaricio mi cara y por un instante sentí la mano de Mark acariciándome. No quería abrir los ojos, para no romper esa agradable sensación. Saqué de mi mochila la primera foto que nos tomamos juntos, la metí en la cajita, con su pulsera y la agarre apretándola contra mi pecho. Me separé un poco del grupo, y en un pequeño muro escondí la cajita con una pequeña nota: QUERIDO MARK: ESTE SUEÑO ERA NUESTRO, Y Será NUESTRO MIENTRAS VIVA. UN POCO DE TI, SE QUEDA AQUÍ EL EN NUESTRO VIAJE, NUESTRA ISLA Y EL LIAMUIGA TE QUIERO Y TE QUERRÉ POR SIEMPRE, CLOE. De vuelta en el autobús, me sentía cansada, pero muy bien, sabía que había hecho lo que tenía que hacer y me sentía plena. Sentía la muerte de Mark, pero ya no era un mudo en el alma que no me dejaba respirar. El dolor se había convertido en mil recuerdos, con él siempre sonriendo. Llegué al hotel, estaba agotada, me duché y me dejé caer en la cama. Estaba casi dormida cuando vi que en el recibidor había una carta. Mi sorpresa fue ver que era la letra de Mark. Querida Cloe: Primero pedirte, que no te enfades con Jayden fue para mí una gran ayuda. Cloe mi amor, nunca quise a nadie como tú, eres y serás el amor de mi vida por siempre. Siento mucho no haber llegado a mi boda, pero cariño, esta enfermedad se adelantó más de lo previsto y me estaba dejando sin fuerzas. Perdóname, por no contarte a ti y a nadie lo de mi enfermedad, pero no hubiese vivido más, sabiendo que todos me mirabais como un inválido, un pobrecillo que se está muriendo. Cuando el doctor me contó lo de mi enfermedad y el poco tiempo que me quedaba de vida, lo siento, no podía irme y que mi último recuerdo fuera ver tus ojos con lágrimas, no podía. Perdóname amor por mentirte, pero verte organizar la boda, te aseguro que hizo que ganase una semana más de vida. Té veías tan feliz, tan guapa y tan radiante que allí a donde vaya me llevo tu recuerdo. A estas alturas ya te habrán encajado las piezas, ¿verdad.? El viaje, advertí a tu hermana y a tu cuñado que te convencieran para que fueras tú. Y no ellos de viaje. . La pulsera, te acuerdas de nuestras primeras vacaciones, que te regale una pulsera verde y para reírnos tú le pusiste una pegatina de un cocodrilo, para que pareciese de las caras. . Cloe, ¿cómo estaba la sopa de guandú? La orquídea mini del baño, sé que te fijaste porque son tus favoritas. . La mochila preparada, sabía que subirías a nuestra montaña. Cloe, espero que de este viaje no solo te quedes con mi muerte, mírate eres una mujer encantadora y muy valiente. Cómo habrás deducido mi muerte no fue un accidente, me tire al vacío, no podía mentirte más, los brazos se me habían paralizado y no podía entrar al altar en silla de ruedas y callándoseme la baba. Te quiero Cloe, y quiero que vivas la vida tal y como lo habíamos planeado. Recuerdas nuestra frase: (VIVIREMOS HASTA MORIR Y MORIREMOS VIVIENDO) Sé feliz Cloe, hazlo por mí y por ti, porque nos lo merecemos. POR TUYO SIEMPRE MARK. Allí estaba, abatida y sin fuerzas, sentada en la cama, en el más doloroso momento de mi vida. Se lo había advertido muchas veces, y se lo repetía cada fin de semana. No vayas solo, algún día te podría pasar algo y tener un accidente. Y no fue cualquier día, fue un mes antes de nuestra boda. Mark murió en un accidente, escalando una montaña, una de sus pasiones favoritas. En nuestro viaje de novios habíamos programado escalar el monte Liamuiga. Un estratovolcán de las islas San Cristóbal y Nieves en el Caribe. Estaba como loco de contento, nos habíamos estudiado todos los rincones de las islas, los mejores restaurantes, dónde tomarnos unas copas, e incluso los rincones más románticos. Los dos nos habíamos enamorado de las islas, y era un sueño poder viajar, y hacerlo juntos. Pero el destino nos tenía preparado otro final. Me costó salir a la calle, pero tenía que retomar mi vida. Lo primero que hice fue ir a la agencia de viajes para cancelar nuestro viaje. Para mí sorpresa, Mark no había asegurado el viaje. Tenía dos opciones; o regalarle el viaje a alguien, o recuperar solo la mitad del dinero. Intenté convencer a mi hermana y mi cuñado, pero después de toda una larga cena, fueron ellos los que me convencieron a que cumpliera el último sueño de Mark. ¡Yo sola! ¡Sin Mark! Una parte de mí se moría por ir, pero, por otro lado, me sentía mal. Era un sueño de los dos, y ahora iría yo sola. Lo estuve meditando unos días y la verdad es que no me vendría nada mal, desconectar durante un tiempo. La gente que me conocía me trataba con lástima, y los que no, me miraban con tristeza y me venía a la memoria el nombre con el que me había bautizo en las noticias. La novia viuda. Estaba decidido, me voy al Caribe. Después de 15 horas de viaje y 4 trasbordos no veía la hora de llegar al hotel. Por el camino había advertido a recepción de mi nueva situación sentimental. No me apetecía llegar y que me recibieran con champán y bendiciones a los recién casados. En el último aeropuerto, El Internacional de Hato en Curazao, me tomé un respiro. Sabía que el hotel estaba muy cerca, así que pedí un café mientras me entretenía viendo como un grupo de choferes de los diferentes hoteles del lugar, sujetaban su pancarta buscando sus clientes. Estaba disfrutando de mi café, cuando en una mirada fugaz vi escrito: Señor y Señora Herriot-Blas. Quería pagar mi enfado con el chofer, pero no era más que un muchacho haciendo su trabajo. No tardamos en llegar al hotel. Su fachada, toda pintada de blanco con los marcos de las ventanas en azul, no parecía un hotel de lujo como los que le gustaban a Mark. —Bienvenida, al GRAN HOTEL PARK HYATT ST. KITTS, señora Herriot, dijo el chofer mientras me abría la puerta. Desde fuera no parecía gran cosa, pero al atravesar su puerta giratoria, un mundo de elegancia, y delicadeza se postraron ante mí. Sabía del gusto exquisito de Mark, y sabía que le encantaban descubrir rincones nuevos, y sin duda este era uno de sus descubrimientos. Era un hotel precioso, con espacios abiertos, grandes ventanales mirando hacia la piscina, a los jardines y a la playa. Subí a la habitación y por los ventanales podías salir directamente desde la habitación, a la terraza y de la terraza a la playa, pasando por los grandes jardines. Dentro de la habitación, encima la cama, había unos pequeños cojines blancos y azules de varios tamaños, pero todos suaves y esponjosos, como me gustaban a mí, le daban un toque de color a la habitación. Dos cisnes de toallas y unos pétalos esparcidos por las sabanas, que le daban un toque muy romántico, típico de todos los hoteles enfocados a parejas y recién casados. En la mesa del centro una gran cesta de fruta fresca y típica del lugar. Era imposible resistirse a darle un mordisco a cualquier pieza de fruta. Agarré lo que parecía una manzana, pero su sabor era entre ácido y amargo, pero estaba muy buena. Me preguntaba si Mark tendría algo que ver, o eran pequeños detalles del hotel. Me dirigí al baño, esta vez, estaba segura de que Mark tenía algo que ver, una orquídea mini azul decoraba una esquina de la ducha, solo Mark sabía de mi pasión por las orquídeas mini. ¡Cómo te echo de menos cariño! Grité mirando hacia el cielo. Y me quedo dormida sobre la cama. Me desperté a media tarde, el sol todavía brillaba, aunque ya no con tanta intensidad. Sus rayos sobre el mar creaban un camino de plata hacia el cielo, dándole a la playa, le daba un aspecto sensual, lista para esos paseos de parejitas agarrados de las manos, robándose besos y arrumacos a escondidas. Me senté en la arena lo más cerca posible del agua, sentía que tenía que hacer algo por Mark, pero no sabía muy bien qué. Después de un rato regresé al hotel, ya estaban sirviendo la cena. Y un camarero, sin previo aviso, me trajo sopa de guandú, mire como loca a todos lados, vaya coincidencia, Mark y yo queríamos probar este plato, tenía la sensación de que Mark estaba vivo y escondido detrás de alguna de las columnas y que saldría de un momento a otro. Antes de subirme a la habitación, me di un paseo por los jardines traseros del hotel. Era como una pequeña selva con bancos y rincones para descansar o leer un buen libro. La Luna, el mar de fondo, y la temperatura tan agradable hicieron que me sentara un rato a descansar. Sentía un gran placer estado aquí, y el recuerdo de Mark era menos doloroso, era una sensación muy agradable y extraña a la vez. Mientras mi corazón recordaba mil momentos junto a Mark, alcé la vista y ahí estaba frente a mí, como si me llamase, el Liamuiga. Ahí es donde tenía que ir, se lo debía a Mark. Hablé con Jayden el encargado de planta del hotel. Y él me contó que tenía que ir a Basseterre, y de allí saldría el autobús en dos días. —El señor Herriot, lo dejo todo preparado, señorita Herriot. Ahora mismo le traigo su mochila. —Gracias Jayden. Entré en la habitación con una sonrisa, no había dejado ningún cabo suelto, este hombre, me iba a costar mucho vivir sin él. El autobús nos recogió en la puerta a las siete, para llevarnos a Basseterre. Creía que iría sola, pero casi todo el autobús subía al Liamuiga. Estaba emocionada y muy nerviosa. En el autobús nos informaron que subiríamos por los senderos de la izquierda, rodeando la montaña, era más largo, pero mucho más agradable que la subida de la derecha. Fue llegar, y encaminarnos al sendero. Delante de mí había una pareja de recién casados haciéndose carantoñas, no lo niego, me gustaba verlos, era como si me estuviese viéndome a mí misma y a Mark. En lo que sería nuestro viaje de ensueño. Algo tenía esta isla, que pensar en Mark, me hacía como sentirlo vivo, recordándolo con cariño y el dolor se transformaba en paz. Después de tres horas de subida llegamos a la cima, no tengo palabras, era impresionante, como si el hombre nunca hubiese puesto los pies allí, y las vistas alucinantes. Desde la cima se veía toda la isla, sin moverte del sitio. Por un momento imaginé la cara de Mark al llegar aquí arriba, cerré los ojos y una brisa suave acaricio mi cara y por un instante sentí la mano de Mark acariciándome. No quería abrir los ojos, para no romper esa agradable sensación. Saqué de mi mochila la primera foto que nos tomamos juntos, la metí en la cajita, con su pulsera y la agarre apretándola contra mi pecho. Me separé un poco del grupo, y en un pequeño muro escondí la cajita con una pequeña nota: QUERIDO MARK: ESTE SUEÑO ERA NUESTRO, Y SERÁ NUESTRO MIENTRAS VIVA. UN POCO DE TI, SE QUEDA AQUÍ EL EN NUESTRO VIAJE, NUESTRA ISLA Y EL LIAMUIGA TE QUIERO Y TE QUERRÉ POR SIEMPRE. CLOE. De vuelta en el autobús, me sentía cansada, pero muy bien, sabía que había hecho lo que tenía que hacer y me sentía plena. Sentía la muerte de Mark, pero ya no era un mudo en el alma que no me dejaba respirar. El dolor se había convertido en mil recuerdos, con él siempre sonriendo. Llegué al hotel estado agotado, me duché y me dejé caer en la cama. Estaba casi dormida cuando vi que en el recibidor había una carta. Mi sorpresa fue ver que era la letra de Mark. Querida Cloe: Primero pedirte, que no te enfades con Jayden fue para mí una gran ayuda. Cloe mi amor, nunca quise a nadie como tú, eres y serás el amor de mi vida por siempre. Siento mucho no haber llegado a mi boda, pero cariño esta enfermedad se adelantó más de lo previsto y me estaba dejando sin fuerzas. Perdóname, por no contarte a ti y a nadie lo de mi enfermedad, pero no hubiese vivido más, sabiendo que todos me mirabais como un inválido, un pobrecillo que se está muriendo. Cuando el doctor me contó lo de mi enfermedad y el poco tiempo que me quedaba de vida, lo siento, no podía irme y que mi último recuerdo fuera ver tus ojos con lágrimas, no podía. Perdóname amor por mentirte, pero verte organizar la boda, te aseguro que hizo que ganase una semana más de vida. Té ves tan feliz, tan guapa y tan radiante que allí a donde vaya me llevo tu recuerdo. A estas alturas ya te habrán encajado las piezas, ¿verdad.? El viaje, advertí a tu hermana y a tu cuñado que te convencieran para que fueras tú. Y no ellos de viaje. . La pulsera, te acuerdas de nuestras primeras vacaciones, que te regale una pulserita verde y para reírnos tú le pusiste una pegatina de un cocodrilo, para que pareciese de las caras. . Cloe, ¿cómo estaba la sopa de guandú? La orquídea mini del baño, sé que te fijaste porque son tus favoritas. . La mochila preparada, sabía que subirías a nuestra montaña. Cloe, espero que de este viaje no solo te quedes con mi muerte, mírate eres una mujer encantadora y muy valiente. Cómo habrás deducido mi muerte no fue un accidente, me tire al vacío, no podía mentirte más, los brazos se me habían paralizado y no podía entrar al altar en silla de ruedas y callándoseme la baba. Te quiero Cloe, y quiero que vivas la vida tal y como lo habíamos planeado. Recuerdas nuestra frase: (VIVIREMOS HASTA MORIR Y MORIREMOS VIVIENDO) Se feliz Cloe, hazlo por mí y por ti, porque nos lo merecemos. >Lloré hasta quedarme sin lágrimas abrazadas a aquella carta, pero entendía su comportamiento y aunque me hubiese gustado haber pasado más tiempo a su lado, yo misma en su lugar hubiese hecho lo mismo, respire hondo, me arregle el pelo y me baje a la playa. Me tumbé en una tumbona del hotel, pedí un zumo y allí me quede recordando mi vida con Mark. Quizás él ya nunca estaría a mi lado, pero su recuerdo viviría en mí para siempre. Lloré hasta quedarme sin lágrimas abrazada a aquella carta, pero entendía su comportamiento y aunque me hubiese gustado haber pasado más tiempo a su lado, yo misma en su lugar hubiese hecho lo mismo, respire hondo, me arregle el pelo y me baje a la playa. Me tumbé en una tumbona del hotel, pedí un zumo y allí me quede recordando mi vida con Mark. Quizás él ya nunca estaría a mi lado, pero su recuerdo viviría en mí para siempre.internal://3e96d0ac-6f88-4c40-b079-bd0af8324e0a

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